Según apareció publicado en la sección de Andalucía del diario El Mundo el pasado 20 de abril, Pedro Velasco se encaró (en Bujalance, no en Palma) con una periodista que había intentando ponerse en contacto con él cuando el año pasado aparecieron las informaciones que provocaron después la dimisión de Rafael Velasco, el ex número dos del PSOE andaluz. En ese momento nuestro Concejal Delegado de Juventud, Nuevas Tecnologías y Modernización de la Administración no quiso responder a ninguno de los medios si era verdad que trabajaba o no en la academia de su cuñada. Pero vayamos al artículo en sí: “Pedro Velasco respondió el domingo atacando verbalmente a la periodista (…) en medio de la Procesión de la Borriquita (...)”. Y continúa dando los detalles del suceso: “Pedro Velasco se encontraba junto a su novia y sus padres en una plaza muy concurrida viendo la procesión. En un momento dado, su suegro se acercó a la redactora y la increpó: “¿No lo buscabas hace meses? Ahí lo tienes! No lo busques más!”. En ese momento, el concejal socialista irrumpió en la escena y empezó a insultar a la periodista: “No tienes vergüenza, ni dignidad. No tienes honor”, le reprendió a voces mientras la miraba de manera desafiante”.

¿Qué se puede sacar en claro de este embarazoso suceso? Pues, en primer lugar, en descargo del chaval hay que decir que está volantón todavía y no pudo controlar su furia, más cuando se trata de un hermano, eso duele de verdad. Por otra parte, me parece que El Mundo exagera un poco cuando señala en el mismo artículo que el concejal “insultó gravemente” a una periodista, hay peores insultos que “no tienes dignidad”. Sin embargo, está claro que dicho concejal quedó bastante mal, siendo retratado como un energúmeno. Macho... ¿en medio de una procesión? ¿Rodeado de gente? ¿A voz en grito? Y lo peor de todo, ¿no se te ocurre nada más ingenioso o más mordaz que decirle? Muy, pero que muy mal. El hecho habla por sí solo del saber estar, las buenas maneras y el “savoir faire” de la mayor parte de esta nueva generación de políticos (de la catadura moral, mejor ni hablamos). Por no decir ya que la periodista se limitó simplemente a cumplir su trabajo y que los medios en democracia tienen la obligación moral de fiscalizar el trabajo y las acciones de los funcionarios públicos. En conclusión, como dijo el que iba montado sobre la borriquita y fue testigo también del caso: “Por sus obras los conoceréis”.