
Pues sí, queridos lectores, ahora lo que se lleva entre programadores culturales, concejales de cultura, diputaciones, ayuntamientos y la progresía más recalcitrante es la danza contemporanea. Malos tiempos para la dramática, que en tiempos mejores fue el faro de la política cultural de la Junta de Andalucía. En fin, pero no se desanimen, si la Feria del Teatro ha conseguido que un pueblo entero se vuelque en el mundo del teatro y digiera sin descomponer el gesto obras de una refinada calidad y pensadas para un público exquisito, este año la organización no se ha quedado de brazos cruzados y ha incluido bastantes obras de danza contemporanea en la programación. Además, pensando en nuestro bien, el pasado sábado ya nos ofrecieron un aperitivo de lo que nos espera en el Paseo, aunque parece que el público juvenil no lo tomó demasiado a bien. En fin, ellos se lo pierden, desde aquí advertimos que en los tiempos que corren, si uno quiere parecer "cool" y que tiene una Cultura que le hace elevarse un par de metros sobre el vulgo, hay que ser un apasionado de la danza contemporanea. "Asín es eso", así que ya saben, ni se les ocurra bostezar o decir que les ha parecido una m....., a riesgo de quedar como un gañán ante la gente de mundo.
La verdad es que este cambio de rumbo en la política cultural yo creo que obedece a que la gente ha terminado aceptando el teatro, incluso se han visto por ahí especímenes que aseguran que les gusta el cine español (puvrets, nuestro más sentido pésame) y, claro, los que marcan tendencias se tienen que distanciar de la chusma y lo más coñazo ha sido siempre la danza (ejem, bueno exceptuando otro tipo de danza, como la de "Un paso adelante"). Además, qué pasa, los/as bailarines/as están buenorros/as y algunas veces hasta se ponen en pelotas, y eso que os llevaís, pillines.
Desde luego, con mi limitada mente de ave no puedo comprender la aparente esquizofrenia del gobierno de nuestra Comunidad. Como decíamos otro día, desde nuestra televisión pública se fomenta el humor más rancio y casposo, las folklóricas más zafias, los talk shows más vergonzantes, etc, etc. Por otra parte, desde los Ayuntamientos (y con mención especial al nuestro) parece que se recuperan los tópicos culturales más andazules, léase los toros, el mundo del caballo, la Semana Santa (¿pero los chupacirios no eran fachas?), etc, etc. Y ahora, cuando hablamos de Cultura con mayúsculas se promueve un extrañamiento y un distanciamiento elitista del pueblo llano (que es el que al fin y al cabo paga estos actos) al más puro estilo de la antigua aristocracia (con la diferencia de que Bach o Mozart tenían su punto, no como estos paniguados, que van de artistas supercreativos jugando con dinero público) .